Durante casi medio siglo, Instituto Nuevo Amanecer ha demostrado que la atención a la parálisis cerebral puede y debe abordarse desde una perspectiva integral: clínica, social, familiar y comunitaria. Su modelo ha innovado en la forma de acompañar a niñas, niños y jóvenes con discapacidad motriz y neurológica, generando oportunidades de desarrollo donde antes predominaban el aislamiento y la incertidumbre.

El impacto de esta labor se ha sentido profundamente en Monterrey, donde generaciones de familias han encontrado no solo rehabilitación, sino acompañamiento, comunidad y defensa de derechos. Esta historia de transformación social fue el punto de partida para la firma del convenio de colaboración por cinco años entre Nuevo Amanecer y la Escuela de Medicina y Ciencias de la Salud del Tecnológico de Monterrey.


Más que formalizar prácticas profesionales, la alianza busca incidir directamente en la vida de las personas. Durante la ceremonia, el Dr. Luis Alonso Herrera Montalvo, Decano Nacional de la Escuela de Medicina y Ciencias de la Salud, subrayó que el propósito de esta colaboración es “interactuar para cambiar vidas y promover el bienestar en los niños y las familias que viven con discapacidad, favoreciendo su integración en la sociedad”.

Además del aprendizaje en campo, el acuerdo abre un horizonte importante para la investigación. El entusiasmo de la comunidad académica se centra en generar conocimiento que permita comprender los factores de riesgo asociados a la alta prevalencia de parálisis cerebral en Nuevo León. Este esfuerzo podría traducirse en acciones preventivas, políticas públicas informadas y modelos de intervención con impacto real en la salud de la población.

La colaboración, destacó, permitirá promover un futuro más saludable y sumarse a una visión institucional que ha demostrado consistencia y compromiso durante 47 años de trabajo continuo.


Una historia que nace de la injusticia y se convierte en comunidad

Durante el evento, Alicia Navarro Martínez, fundadora de la institución, recordó que el origen de Nuevo Amanecer se encuentra en una experiencia profundamente personal. Hace más de cinco décadas, al buscar atención médica para su hijo, recibió un diagnóstico acompañado de la frase: no hay nada que hacer.

Aquella respuesta reveló una desigualdad aún mayor: si con recursos era difícil acceder a atención digna, ¿qué ocurría con las familias que no los tenían? Esa injusticia motivó la creación de una institución basada en la solidaridad social y médica, orientada a ofrecer una vida más justa y a defender los derechos de las personas con discapacidad.

Navarro Martínez subrayó que la organización ha crecido gracias a una red de amistades, voluntades y conocimiento compartido. También recordó que, desde 2017, comenzaron a investigar estrategias de prevención y detectaron que Nuevo León presenta cerca de 50% más casos de los estimados por la Organización Mundial de la Salud, lo que confirma el enorme campo de investigación y acción social existente.

Hoy, señaló, muchos de los niños atendidos son adultos integrados a la sociedad, con estudios, familias y proyectos de vida propios. Por ello dio la bienvenida a la comunidad académica recordando que cada pequeña acción puede transformar el mundo y la vida de las familias.


Formar profesionales que escuchen a quienes no siempre tienen voz

Por su parte, Guillermo Torre Amione, rector de TecSalud, enfatizó que en México existen sectores sociales cuyas necesidades rara vez alcanzan visibilidad pública. Señaló que la discapacidad es uno de esos ámbitos donde la voz de las personas afectadas suele quedar relegada, y que iniciativas como esta alianza representan una forma concreta de confrontar esa realidad.

Recordó que Nuevo Amanecer nació cuando estas necesidades no estaban siendo atendidas, y que el Tecnológico de Monterrey comparte una misión semejante: no solo formar talento, sino contribuir activamente a mejorar la sociedad. En el ámbito de TecSalud, afirmó, el compromiso es claro: transformar la vida de las comunidades a través de la educación, la investigación y la atención en salud.


El convenio permitirá avanzar en una tarea pendiente: formar médicos, científicos y profesionales de la salud mediante modelos educativos que integren experiencia social, investigación aplicada y contacto directo con las comunidades. Así como el Tec ha contribuido históricamente al desarrollo empresarial del país, hoy —subrayó— corresponde impulsar una transformación en la calidad de vida de las personas que viven con discapacidad.


Aprender con la comunidad para formar profesionales más humanos

Para las y los estudiantes de las cinco carreras de la Escuela, esta colaboración representa una oportunidad formativa excepcional. Convivir con niñas, niños y familias, comprender sus retos cotidianos y participar en procesos de atención integral permite que el aprendizaje trascienda lo técnico.

La experiencia en Nuevo Amanecer fortalece competencias clínicas, de investigación y de intervención, pero sobre todo cultiva una mirada más humana de la salud. En estos espacios se comprende que la práctica sanitaria implica relaciones, contextos sociales, derechos y dignidad.


Este convenio confirma que la excelencia académica se construye también desde la cercanía con la comunidad. Cuando la educación en salud se vincula con proyectos que han transformado realidades durante décadas, el aprendizaje adquiere un sentido más profundo: formar profesionales capaces de generar conocimiento, impulsar cambios sociales y cuidar a las personas con empatía y responsabilidad.

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